PIRAMIDES DE GUIZA, Egipto


El comienzo de todo

Hubo un tiempo, hace miles y miles de años, en que no existían la Tierra ni el Cielo. El mundo carecía de árboles y montañas, de animales y personas, pues todo estaba ocupado por una masa de bullentes aguas negras que no tenía principio ni fin, y que se hallaba bajo el dominio de un espíritu. Un buen día, aquel espíritu decidió darse un nombre a sí mismo: 

—Jepri —dijo, con una resonante voz de trueno. 

Y, justo en aquel instante, se convirtió en un dios extraordinariamente poderoso. La palabra «Jepri» significa ‘Aquel que se convierte en luz y vida de todas las cosas’, y eso es lo que Jepri se dispuso a hacer: convertirse en un dios creador. Primero dio forma a un gran huevo resplandeciente que se sacudía y temblequeaba sobre la superficie del mar. Del huevo salió Ra, un dios solar que tiene cabeza de halcón y que es más poderoso aún que el propio Jepri. 

Nada más nacer, Ra ordenó al Cielo y a la Tierra que salieran de las aguas. 

—Tú te llamarás Geb —le dijo a la Tierra—. Y tú te llamarás Nut —le dijo al Cielo. 

Para separarlos, Ra creó a Shu, el Aire, y a continuación dio vida a Tefnut, la Humedad. Luego, la diosa Nut plantó sus pies en el este y las manos en el oeste, y formó así, con su gigantesco cuerpo, un arco sobre la Tierra. Su cuerpo, arqueado y boca abajo, se cubrió de un sinfín de gemas brillantes: las estrellas.

Todas las mañanas, Ra montaba en su barca para surcar el Cielo. Desde allí arriba, miraba la Tierra con su ojo, al que llamamos «sol». El ojo de Ra, fuente de toda luz, era tan grande y brillante que veía cuanto pasaba en la Tierra, y el dios se sentía muy orgulloso de él. 

Un día, al regresar de su larga travesía por el Cielo, Ra se llevó una desagradable sorpresa. ¡Su padre Jepri tenía otro ojo! Brillaba mucho menos que el sol, pero, aun así, Ra se puso hecho una furia. 

—¡Con mi ojo es suficiente para ver la Tierra! —le gritó Ra a su padre—. No necesitamos ningún otro ojo. 

Jepri se indignó. 

—¿Cómo te atreves a hablarme en ese tono? —dijo—. Eres demasiado orgulloso, así que, para que aprendas a ser más humilde, desde hoy mismo este otro ojo alumbrará el Cielo por la noche.

A aquel sol nocturno, al que nosotros llamamos «luna», Jepri le dio el nombre de Thot y le asignó el título de «Medidor del tiempo», pues la luna iba a servir para calcular la duración de los meses. Pero Jepri no se conformó con crear un segundo ojo celeste: engendró además seis nuevos dioses, cada uno destinado a una misión concreta, y también y a los hombres y a las mujeres, a los que puso en la Tierra para que lo adorasen. Hizo que crecieran todo tipo de árboles y plantas, creó a los animales que caminan por la tierra y a las aves que surcan los cielos, a los reptiles que se arrastran por el desierto y a los peces que habitan en las aguas, y, cuando acabó de hacer todo eso, se sintió tan agotado que se retiró a descansar a los Campos de la Paz, que se encuentran más allá del Cielo. 

Y así fue como, según los egipcios, comenzó todo.

 

 

Publicado el julio 24, 2020 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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